Diseño: El diseño mexicano se repite, aburre.


Aburrido, sin investigación de campo, repetitivo y sin personalidad, así es el diseño gráfico que se hace en México hoy. A ello, el diseñador gráfico, docente e investigador de esta disciplina, Giovanni Troconi, suma el problema de que los diseñadores “instalados en una cierta comodidad, sólo se limitan a lo que los softwares les dan”.

Tres factores para él atentan contra el diseño gráfico: la globalización, la repetición y el aburrimiento. “Se ha globalizado el diseño de una manera increíble. Se ha vuelto muy repetitivo, y no sólo en México: en todo el mundo. Si no fuera por los idiomas, un cartel o una portada podrían estar hechos en cualquier parte. Para los millones de publicaciones, revistas, carteles, se utilizan en todo el mundo tres softwares y con las nuevas tecnologías los diseñadores se han vuelto muy flojos. Ya no se hace investigación sobre el tema que se va a diseñar, no se sale a la calle con una cámara a fotografiar texturas, paisajes, a desarrollar un concepto”.

Troconi llegó a esa conclusión luego de dedicar la última década a revisar los libros, revistas, periódicos, carteles, cancioneros, folletos, catálogos y toda clase de diseños publicitarios y gráficos creados en México en el siglo XX. “De años recientes me costó mucho trabajo encontrar piezas propositivas, experimentales, con gran trabajo de investigación, no digo que no lo haya, pero es el más poco”.

De esa revisión es producto Diseño gráfico en México. 100 años, libro de su autoría, editado por Artes de México, con apoyo de la Universidad Autónoma Metropolitana. Con un costo de 665 pesos, la publicación de 463 páginas contiene dos mil 500 imágenes aproximadamente que muestran por capítulos la evolución de esta profesión en el país, las portadas de libros, revistas, los cambios en las páginas de los diarios, suplementos culturales, carteles de cine, logotipos.

En el libro participan con escritos los especialistas Luis Almeida, Marina Garone Gravier, Gerardo Kloss Fernández del Castillo, Gabriel Martínez Meave, Germán Montalvo, Miguel Ángel Morales, Ambra Polidori, Elizabeth Romero Betancourt, Alma Lilia Roura, Alberto Ruy Sánchez, Eduardo Terrazas y Beatrice Trueblood.

Los mitos de una historia

La gran diversidad del diseño gráfico producido en el siglo pasado en México fue la primera sorpresa que Troconi halló en la investigación, con lo que refuta a historiadores del diseño internacional, como Enric Satué, que niega lo hecho en México antes de las Olimpiadas del 68. Sin que aún se hablara de diseño y mucho menos de diseño gráfico porque ese término apenas comenzó a usarse a finales de los 50, había en México, desde los últimos años del siglo XIX, una creación que combinaba imagen, ilustración y tipografía de gran calidad.

Por un lado estaban los “cajistas”, siempre anónimos y, por el otro, los artistas; todos advirtieron pronto la importancia de enriquecer y mezclar estilos, detalles visuales, colores y tipos.

Al hacer esta investigación, Troconi encontró, para su sorpresa, que grandes artistas -desde Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, hasta el Dr. Atl y Ramón Alva de la Canal- hicieron algunos de los que hoy podríamos llamar los mejores diseños gráficos de México.

Descubrió que en torno de movimientos como El Estridentismo o en el arte llamado militante hubo muchos e innovadores diseños. Con influencias de las vanguardias internacionales, con la participación de artistas y editores que se exiliaron en el país, pero también con la incorporación de elementos muy mexicanos, algunos prehispánicos, otros de la artesanía y un uso muy diverso del color, se generaron, en distintos momentos, grandes proyectos.

El olvido en la historiografía

“La del diseño gráfico es una faceta a la que la historia del arte no dio mayor importancia. Los críticos se han encargado de esconder o no dar importancia al trabajo como diseñadores de ciertos artistas. Diego Rivera fue un estupendo tipógrafo y diseñador gráfico. Otro de los personajes que más me sorprendió, porque ni siquiera lo hacía como un trabajo casual o porque necesitara dinero, fue el Dr. Atl; él hizo gran cantidad de portadas de carteles, de logotipos, era un diseñador gráfico hecho y derecho”. Entre esos grandes momentos ubica la aparición del diseño gráfico formal en México, a partir de la llegada del español Miguel Prieto y, luego, con Vicente Rojo, como alumno del primero.

“Todo este exilio español en México enriquece la cultura. Aparece la imprenta Madero, cuyo director es Vicente Rojo, y que fue, para mi gusto, la primera escuela de diseño en México. Ahí se desarrollaron figuras que luego fueron claves para el diseño gráfico en México: Germán Montalvo, Rafael López Castro, Bernardo Recamier, Pablo Rulfo, Rogelio Rangel, Peggy Espinosa, Azul Morris. Los republicanos crean una disciplina del oficio del diseño y forman a diseñadores”.

Salvo casos aislados, creados acerca de etapas muy concretas, no hay una historia del diseño gráfico en el país, esto ha provocado desconocimiento, confusión, tergiversación y mal uso en cuanto a quién hizo qué y cómo. Uno de los capítulos más polémicos al respecto, y del cual se da cuenta en el libro, es el que se refiere a la autoría del diseño para las Olimpiadas de 1968.

“El de las Olimpiadas fue un parte aguas para convertir el diseño gráfico mexicano en un diseño moderno, contemporáneo. Hasta ahora es considerado uno de los mejores diseños de Juegos Olímpicos. Fue uno de los temas que más trabajo me costó en el libro porque hay una guerra de egos, por un lado, y de autorías, por otro, entre la gente que participó en la autoría de esa imagen”.

Troconi dice que la falta de documentación sobre cómo se creó todo ese diseño ha provocado que todo el mundo crea que fue obra del diseñador estadounidense Lance Wyman, quien tomó “un gran provecho” de la apatía mexicana por documentar estos hechos.

“Él se apoderó de la autoría del diseño de casi todo lo que se hizo para las Olimpiadas. Él dice ‘yo hice, yo propuse, yo inventé’. Y se atreve a venir a México a dar conferencias, a hablar de cosas falsas, como decir que se hizo un concurso para ver quién hacía la imagen de los juegos, y que lo ganaron él y Peter Murdoch. Yo entrevisté a Pedro Ramírez Vázquez (presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de 1968), trabajé con el arquitecto Eduardo Terrazas y con Beatriz Trueblood (encargados del programa de identidad visual de las olimpiadas) y, al investigar, me di cuenta de que es falso gran parte de lo que dice Wyman.

“Cuando llegó Wyman a México, el logotipo y la imagen de las Olimpiadas estaban resueltos; llegó a hacer trazos finales; diseñó, eso sí, tal vez la serie de estampillas más bellas de las Olimpiadas”.

Más allá de la polémica, las Olimpiadas significaron una nueva etapa para convertir el diseño gráfico mexicano en un diseño moderno, contemporáneo y dieron pie a la creación de la carrera de diseño gráfico en México, como en la Universidad Iberoamericana y en el INBA. “Los empresarios se dieron cuenta de la importancia del diseño gráfico, y las Universidades no se equivocaron: se han hecho millonarias con la carrera de diseño gráfico”.

Aunque los actuales no son buenos tiempos para el diseño, Troconi opina que los vínculos cada vez más constantes entre diseño gráfico y el arte contemporáneo, pueden significar una de las pocas esperanzas para el desarrollo de esta profesión hacia otras latitudes.

“Vicente Rojo me dijo un día: ‘la apuesta es volver a las raíces’. Creo que empieza a haber conciencia de que no hay que abusar de las nuevas tecnologías y hacer diseño con tanto ruido visual”.

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